miércoles, 29 de agosto de 2018

AL TORO, POR LOS CACHOS

Circunstancias complicadas vamos a vivir muchas a lo largo de nuestra vida, y una de las cosas más importantes es saber gestionar esas situaciones, y lo que nos provoca, de forma adecuada. Aceptar la adversidad no significa que no puedas sentirte triste o frustrado, sino que debes dejar salir tus emociones, pero no permitir que invadan tu día a día.
"Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontas ese sufrimiento" dice Victor Frankl, un sobreviviente del holocausto y que basa su enfoque terapéutico a partir de sus experiencias en los campos de concentración del régimen nazi.

El día de la primera Quimioterapia llegué llena de miedo e incertidumbre a la clínica donde me harían el procedimiento. No puedo describir cuánta revolución había en mi estómago y el corazón no paraba de latir. Sabía que ya no había vuelta atrás, junto a la quimio llegaban cambios en mi cuerpo, cambios en mi organismo. 
Preguntas eran las que me sobraban...Se me caería el cabello?, se me debilitarían las uñas? Se bajarían las defensas? Me quedaría sin pestañas? Me daría nauseas con sus respectivos vómitos? Me dolería la cabeza?  en fin, una serie de interrogantes rondaban por mi mente...
Dos días me llevaba ponerme el tratamiento. El primer día era como de prevención a los efectos secundarios, donde se me recetaba desde el anti-alérgico, pasando por el protector gástrico, la dosis para las nauseas, para el dolor de cabeza, para los mareos, y luego comenzaban con la primera parte del medicamento, que duraba alrededor de 8 horas pasando por las venas a mi organismo. Al día siguiente venía el otro cóctel, que por su color rojo asemeja las muchas bebidas servidas en bares o restaurantes, como por ejemplo un Cosmopólitan o un Margarita de Sandía, pero lamentablemente no en una copa sino en una bolsa con una sonda que va directo a la vena. El rojo es el color de los colores, puede simbolizar lo femenino, el corazón, pero también es el color del fuego... y era como fuego lo que entraba por mi vena... y así como el fuego destruye muchas cosas a su paso, este medicamento, destruye lo malo que tienes en el cuerpo, pero arrastra igual con cosas que están bien. Como el dicho aquel que reza "peor el remedio que la enfermedad", más o menos así. 
Cada 21 día el mismo procedimiento, y previo a esto me toca hacerme Análisis de Laboratorio, para controlar que todo está marchando bien, que las defensas no se han bajado lo suficiente, que las plaquetas no bajen su nivel, en fin, todo lo que "ese barbarazo podía llevarse con él"
No es un proceso para nada agradable estar todo un día o dos montada y casi amarrada a una cama, porque solo el hecho de tener una manguera pegada a una vena, te imposibilita a desplazarte normalmente.  Y es entonces, cuando más ganas de pararte te dan para ir al baño.
Pero, ¡si eso fuera todo mis amigos!. Lamentablemente, eso es sólo una mínima parte de lo que debemos padecer las personas que tenemos que pasar por esto. 
Al mes, ya sentí cómo mi cabello comenzaba a caer. Cada pasada de un peine por mi cabeza era un moño de pelo que soltaba.
Mi primera decisión fue cortármelo lo más bajo que pude, pero nada, no paraba... Eran montones de pelo en la mano, en el peine, en la almohada... por donde pasaba iba dejando señales....
Nada mas doloroso, que ver como tu pelo, el que siempre has cuidado al máximo está desapareciendo poco a poco. ¡Tu carta de presentación se está desvaneciendo!. Siempre me sentí orgullosa de mi cabello y de repente.... me estaba quedando sin él... es muy duro... me sentía derrocada.... a pesar del apoyo de mi familia, sentía que me hundía... Había otros efectos que podría describir, pero yo creo que lo más frustrante y si se quiere, humillante, era quedarme sin cabello... ¡eso no tenía nombre!...
Pero un día, me levanté y decidí que esto no iba a acabar con mi estabilidad emocional. Tenía que "tomar el toro por los cuernos"... No habría más llantos... no más lágrimas... "Si del Cielo te caen limones, aprende a hacer limonada" había escuchado o leído por ahí.
Ese día fue definitivo.... Debía cambiar de actitud... Me metí a bañar y a llorar... lloré, lloré y lloré.... hasta que se me secaron las lágrimas, pero también tomé una decisión... 
Salí del baño y lo primero que hice fue llamar a mi hermano para que me rapara... que quitara de mi cabeza cualquier indicio de pelo.... me volví a bañar, me maquillé y le pedí me tomara una foto.  Fue tanto su asombro, que su cara era un poema... no podía creer lo que le estaba pidiendo. "Estás segura, de que eso es lo que quieres", me preguntó... Sí, estoy totalmente segura, tómame la mejor foto que hayas hecho. Y eso hizo. 
Después decidí escribir (siempre he pensado que escribir me hace soltar lo que siento... me da más libertad que hablarlo).
Redacté a mi familia y amigos este texto, que junto a la foto, publiqué en Facebook e Instagram: 

"Todos me han dicho que soy una guerrera y les tomo la palabra. He decidido luchar, pelear como toda una vencedora. No más lagrimas, no más depresión. Yo soy más fuerte que esa enfermedad. Si pensó que me va a tumbar, pues se equivocó. Yo soy una VENCEDORA a mi ese Intruso no me derrotará, primero lo derroto yo a él.... Así que seguiré al pie de la letra lo que me indiquen los médicos y juntos, ellos con lo que bien saben hacer, ustedes con su apoyo, mis hijos que están conmigo al pie del cañón y por supuesto YO, lo derrotaremos.... Muchos pusieron en duda que fuera capaz de publicar esta foto y yo me dije por qué no, acaso debo avergonzarme de ser VALIENTE?, eso jamás. Si decidí ser valiente para enfrentar el Cáncer y asumir que lo padezco, por qué voy a sentir vergüenza de mostrarme tal como soy ahora? Demostrando que estoy con la mejor de mis sonrisas luchando contra él. Y déjenme decirles que no es que sea de piedra y no me afecte. Si, a veces siento mis fuerzas flaquear y debo llorar porque eso no puedo dejar de hacerlo, llorar limpia el alma y me ayuda a drenar las penas. Me decía una amiga, "sólo el que está en tus zapatos sabe donde molestan" y es cierto, pero el apoyo de mis hijos, mi familia y los que me aprecian me hacen seguir adelante. Espero ver a muchas Maigualidas mostrando su valentía para enfrentar esta enfermedad que en antaño muchos escondían por vergüenza, vergüenza de qué? me pregunto yo. Acaso agarramos la enfermedad de una manera indigna?; No es  una enfermedad como cualquier otra? Nadie, creo yo, quisiera enfermarse, pero nos tocó y qué mejor que enfrentarlo con valentía en vez de ir los rincones llorando y echándonos a morir. Si morimos en el intento, lástima, pero que no digan que fue porque no lo intentamos, porque no intentamos seguir viviendo.... Yo si quiero luchar y no se la voy a poner fácil... Y estoy segura que lo lograré. VOY A VIVIR.... Volveré a ser la misma Maigualida de siempre, seguiré  con ustedes fiesteando, celebrando cada acontecimiento familiar o social y no dejaré que nadie me mire con lástima, y eso va con todos ustedes, apóyenme pero no me tengan pena porque no soy digna de compasión...Los quiero Mucho, GRACIAS POR SU APOYO y por el tiempo que  se tomaron para leerme..... Sin lástima, por que me lastiman más"....

"Un buen día tocas fondo; llegas a una situación límite y ahí empieza la revolución personal"  Walter Riso.

Y así fue como dí un paso en firme a darle el frente al Intruso, porque como les he hecho saber, Yo he decidido Vivir.

viernes, 17 de agosto de 2018

Sonó el Clarín

LA BATALLA COMIENZA


De pronto, cuando creemos tener todo en la vida, alguien o algo derrumba nuestro castillo... nuestro imperio... y allí estamos nosotros. A veces llenos de miedo, otras a la espera de que todo sea una pesadilla y tarde o temprano despertemos. Pero nunca debemos perder la esperanza. De todo debemos de aprender. Aún cuando nos encontremos mirando con temor nuestro futuro, llenemos nuestro corazón y nuestra vida con un fuerte deseo de seguir. Cada persona tiene una historia. Mi historia no es única. Todos queremos vivir.


Con la idea en mente de conseguir respuestas y tratamiento para el primero de los intrusos, acudí a un Oncólogo-Hematólogo el que indicó una nueva serie de análisis: Muestra de Médula Ósea; un CT PET (una técnica de Medicina Nuclear  que conjuga dos imágenes para crear un híbrido que permita, en una sola una imagen, identificar la actividad química anormal en el cuerpo); Gammagrama Óseo (otra prueba de Medicina Nuclear con el fin de encontrar anormalidades en los huesos, en fin saber si el Cáncer había llegado a ellos); Mamografía (estos dos últimos los tenía reciente, así que solo era cuestión de llevarlos a la nueva consulta); nuevos Exámenes de sangre, para finalmente con todos esos resultados decidir que tenía que iniciar un Ciclo de Quimioterapias cada 21 días.

A todas estas, ya iniciaba el mes de Diciembre del 2014. y comenzaría las sesiones de quimio, a principios de Enero.
No es fácil pasar unas festividades tranquilas, mientras en tu cerebro deambulan los pensamientos en todo lo que está pasando por tu cuerpo y todo lo que estaba por venir.
Dentro de todo, traté que mi Cumpleaños (que es a principios de mes) y las Navidades no estuviesen empañados por la situación, ni para mí, ni para mi familia. Ellos dieron lo mejor de sí para que yo no me sintiera tan afectada, pero, como dicen por ahí  "la procesión va por dentro".  
Mi cumpleaños reunió a la mayor parte de mi familia, y sí que me hicieron pasarla bien; y para Nochebuena y Fin de Año, decidimos irnos a la playa, donde el mar se llevaba mis penas y el atardecer ocupaba mi mente y me daba la oportunidad de afianzar aquello de que existe un Dios que todo lo puede, si puede brindarnos tanta belleza junta.
Por mi cabeza pasaban muchas cosas. La contradicción se apoderaba de mi mente. El miedo, la angustia y la incertidumbre se adueñaron de mis noches. Todos los días de ese Diciembre me preguntaba: ¿Sobreviviré a esto? ¿Cuánto tiempo me queda?... Preguntas que no tenían respuestas... interrogantes que me atenazaban el alma, que ya bastante susto tenía. 
Las horas pasaban lentas. El tiempo me lucía infinito, mientras en mi interior quería que el mes pasara rápido, que llegara Enero y poder comenzar con el anunciado tratamiento. Pero mi deseo se disolvía en la incertidumbre de no saber que sucedería.
Tenía miedo de enfrentar esa realidad. Deseaba postergarla o mejor abolirla. No encontraba solución al dilema. No tenía la llave. No lograba descifrar ese enigma. Y así pasaron mis días, sin encontrar la luz que me llevara al final del túnel.
Llegó enero y la vuelta a la realidad. El 8 comenzaría el primer ciclo de Quimioterapias. Esa fecha nunca la podré olvidar porque, además es el cumpleaños de mi hijo menor.
Previo al proceso, había que hacerse de los medicamentos, que como no son fármacos comunes, tienen un alto costo, casi imposible de pagar para una familia de recursos normales, que viven de un salario. Yo vivo de una Pensión y del apoyo que me dan mis hijos.
Que bueno que crearon los Seguros! Para ese entonces medio funcionaban (porque en la actualidad es una suerte de lotería).  También, aunque para lograrlo hay que pasar un poco de trabajo, existe en mi país lo que denominaron "la Medicina de Alto Costo", que es un servicio dependiente del Seguro Social que provee de forma gratuita  este tipo de drogas para pacientes de alto riesgo, pues está prohibida su venta. En ese momento todavía funcionaba, pero hoy es casi inexistente debido al caos en materia de salud publica.
Después de todo un proceso y con los fármacos en mano, llegué a la clínica donde comenzaría el proceso de Quimioterapia, que para nadie es un secreto conlleva una serie de efectos colaterales o secundarios, que deberíamos afrontarlos  con valentía y dignidad. Y de eso, de la quimioterapia, hay mucho que contar... ya hablaremos... Gracias a ella estamos vivos y para los que como yo, amamos tanto la vida, eso nos compensa y anima a soportar lo que venga. Porque, aunque a veces no lo creemos, es muy cierto el dicho de "después de la tormenta llega la calma". Asumamos que los primeros momentos son realmente difíciles, y cuando casi hemos agotado las lágrimas y asimilemos que la vida es así y fue lo que nos tocó, aparecerá esa fuerza interior que nos protege y nos ayuda a crecer como personas. Saquemos ese valiente que todos llevamos dentro.


Hasta la próxima. Les recuerdo que Yo he decidido Vivir.



miércoles, 8 de agosto de 2018

Una Eminencia


El y yo nos conocemos. Sabemos de lo que somos capaces, de lo que estamos hechos. A lo largo de este tiempo nos hemos calibrado, descubierto nuestras fortalezas, nuestras debilidades, por eso las batallas han sido cruentas, duras, heroicas. El y yo sabemos que, más temprano que tarde tendremos que acabar, pero ni él ni yo nos damos por vencidos, pero  le llevo ventaja, pues si de una cosa estoy segura es que moriré de todo, de cualquier cosa, menos del intruso.

Hoy quiero comenzar haciendo una reflexión sobre la actitud que debemos tomar ante las enfermedades, o ante las adversidades en general. 
Una actitud positiva es fundamental para controlar la enfermedad, yo puedo dar fe de ello. Prefiero afrontar la situación de frente, pues la actitud de "avestruz", esconder la cabeza en el agujero para no ver lo que pasa a mi alrededor, no va conmigo. Debemos mantener el equilibrio emocional. El estrés y los conflictos emocionales afectan al sistema inmunológico. El Cáncer, o el Intruso como he preferido llamarlo, aprovecha estas bajas en las defensas para atacar. Con buen ánimo se llevan mejor las penas. ¿Qué es fácil?, para nada. No es nada fácil, pero haciendo un poco de esfuerzo podemos lograrlo.
Les cuento que después de la cirugía, tuve que ponerme de pié al día siguiente, porque ya había identificado a uno de los Intrusos pero había otro en el pulmón al que había que atacar. Se recuerdan de lo que hablo?, del dibujo de "sol" que descubrió y midió con tanto interés mi amigo médico, quien por cierto es Neumonólogo.  Volví al consultorio de Carlos para que me indicara cómo proceder con ese invasor. 
Me recomendó una biopsia del nódulo descubierto, y dijo que no era muy fácil por la posición donde se encontraba. Me refirió a otro Especialista, añadiendo qué "si el no lo logra, no confío en que otro lo pueda hacer". Con esa frase en mente, me fui a consultar a ese especialista, quien lejos de tranquilizarme, sembró mas angustia en mí,  me dijo que era muy difícil punzar ese sitio para sacar muestra, "eso llevaba sus riesgos", acotó. Si se punzaba desde la parte delantera de mi cuerpo, había que atravesar el seno izquierdo hasta llegar al Intruso  y era muy doloroso y si lo hacíamos por la espalda, corríamos el riesgo de un derrame del líquido pleural. En conclusión, él no se atrevía a hacer la punción.  Su recomendación fue que ya que se había descubierto el Cáncer Linfático y muy probablemente me pondrían Quimioterapias, era preferible dejar quieto el pulmón hasta terminar el Ciclo de Quimioterapias que me indicaran para ver cómo reaccionaba este invasor pulmonar y de acuerdo a esos resultados luego de hacer una Tomografía, entonces tomar una decisión al respecto.
Tremendo dilema tenía ahora en mi vida, dejarlo tranquilo y que el Intruso haga lo que quiera o buscar otra solución, aunque no sabía cuál. Pero también sabía o suponía, por lo que había dicho Carlos, que este Intruso estaba invadiendo mi cuerpo desde hace muchos años,  quizás unos diez, y yo... sin saberlo.
Nosotros los humanos muchas veces, no se si para bien o para mal, no acatamos a las primeras las indicaciones, porque queremos respuestas inmediatas a lo que nos angustia. Y ahora, que lo había descubierto, quería atacarlo... terminar con él y no darle la oportunidad de que terminara conmigo. Por aquello de que "el que pega primero, pega dos veces". Hasta ahora, el era solo un invasor que llevaba escondido, agazapado en mi cuerpo un montón de tiempo, pero sin actuar. Nunca había dado señales... pero lo descubrí... lo encontré... tenía que atacar... sorprenderlo... para poder ganar... o al menos eso era lo que pensaba.
Comencé a buscar una segunda opinión, o una tercera, pues ya tenía dos. Una tercera que me llevara a decidir que hacer con el susodicho. Y les confieso que fue una mala idea, por lo pintoresca de la situación que me tocó vivir. 
Les pido disculpas si describo este episodio con un poco de humor, pero realmente me pasó así y sí, causa risa, aunque mi situación no era para reírme... pero hay que darle un poco de humor a algunas adversidades. De eso se trata. La vida es así y con todas sus cosas buenas y malas, es maravillosa. Hay que tomarlo como venga. 
Un amigo me recomendó "una eminencia"  en Neumonología según él. Lo cierto es que la primera impresión que me llevo con esta supuesta eminencia es que cuando llamo a su consultorio, me responde él mismo. Me identifico e identifico a quien me lo recomendó. Le digo que quiero una consulta porque ando buscando una segunda opinión. Me da cita para el día siguiente, no sin antes acotar que debo pagar la consulta en "efectivo" y me dice el monto. Le digo que estoy de acuerdo, que no hay problema y me da la dirección. Para terminar la conversación dijo "recuerde traer el dinero en efectivo, que después dicen que no se lo advirtieron"... eso me dejó una primera mala impresión.
El día de la consulta, me acompañaron seis personas. Recuerden que les comenté anteriormente que en mi familia era el primer caso de cáncer, y los más cercanos querían acompañarme y saber qué decían los médicos.
Cuando llegué, ya me habían anotado en la consulta, pero como era hora de almuerzo había que esperar hasta que iniciaran nuevamente. En la antesala de la consulta no había más pacientes que yo, y por supuesto  mi comitiva.
Faltando como cinco minutos para iniciar la consulta, sale un señor de la tercera o quizás de la cuarta edad y con una actitud muy particular, con la camisa arrugada, además de que tenía una de las piernas de su pantalón, enrollada hasta debajo de la rodilla, mientras la otra estaba en su posición normal. Su forma de vestir y la manera en que estaba parado en la puerta del consultorio, era grotesca. Una mano en la cintura y la otra en la parte alta del marco de la puerta. Desde ahí preguntó que quién era la paciente. Yo me identifiqué. Y al darse cuenta que solo era un paciente, dijo algo como "¿y toda esta gente para una sola paciente?" Va a pasar ella y un acompañante. Los demás esperan afuera.
Todos nos quedamos impresionados, pero a la vez con ganas de reírnos. Pasamos mi hijo y yo. Lo primero que preguntó fue si habíamos llevado el dinero en efectivo. Para él, eso era lo más importante. Para mí, saber si ese era "la eminencia" o el que cuidaba el consultorio. Resultó que era el doctor... A esas alturas, ya no sabía si quería escuchar su opinión.
En fin, le explico por qué estoy allí y le entrego el Informe que me había preparado Carlos y el CD con las imágenes de la Tomografía donde se detectaba al intruso. El doctor, nunca pudo ver las imágenes. Su computadora, al igual que él eran de una generación anterior y no era compatible con el CD. Pero igual me piropeó, le dijo a mi hijo que yo era muy bonita y joven.  Y en cuanto a lo que yo quería saber, me preguntó lo que me había dicho el anterior especialista que me había visto. Respondida esta pregunta. Nos sorprendió con su discurso. "¿En verdad tu lo que quieres es una segunda opinión?  ... " pues yo opino lo mismo que te dijo el otro médico, espera a ver que pasa con las quimioterapias y después te haces ver eso" y así concluyó esta visita, sin examen previo, sin ver las imágenes, ah, pero no sin antes pedir el dinero de la consulta.
Algunos se preguntarán si fui engañada y ese no era el verdadero doctor, "la eminencia" pues sí que lo era, lo pude confirmar. Con razón era la única paciente. En mi opinión, los profesionales deben saber cuando retirarse y quedar como asesores de las nuevas generaciones, que si están actualizados.
En concenso con mis hijos y mi familia decidí "dejar quieto a quien está quieto (el pulmón)". Ponerle un marcador de libros a ese capítulo para cuando lo retomara, no olvidar de continuar donde lo había dejado y seguir con las gestiones para que me viera un Oncólogo-Hematólogo para atacar al otro Intruso, el Cáncer Linfático o Linfoma no Hodking,  mientras tanto.

Me despido por ahora, pero les recuerdo que yo He decidido Vivir


lunes, 6 de agosto de 2018

La Confirmación

Impotente para enfrentarlo sola busqué ayuda. Ahora era yo quien lo acosaba, la que lo asaltaba, la que lo amenazaba con echarlo, con expulsarlo, con matarlo. Y comenzó la lucha. De ese entonces acá ha pasado ya mucho tiempo. Tanto que a veces siento que no ha sido ninguno. Me he ido acostumbrando, más no resignando, a su presencia. A veces creo que lo he vencido, que ya no está y por momentos es así pero de pronto, tal como llegó la primera vez, reaparece, se vuelve a mostrar. Entonces hago acopio de lo mejor que tengo y recomienzo la lucha. Vuelto a batallar. Y en eso estoy. Luchando, peleando, no dejando que me avasalle, que me mate, que acabe conmigo.

Llegó el lunes y me tenía que enfrentar con la verdad. Sería el Oncólogo quien me dijera realmente qué era lo que pasaba en mi cuerpo. Por qué había entrado un indeseable intruso en él sin mi autorización.
Previa a la cita, viví un fin de semana de zozobra y angustia sin querer saber con qué me encontraría el lunes. Huyendo a las preguntas familiares porque en fin, tampoco tenía respuestas que aclarasen sus dudas... y las mías.
Mi "mayor" (ya les comenté que así defino yo a mi primer hijo) me acompañaría a la consulta, bueno desde ese día me acompaña a todas las citas médicas, es mi apoyo incondicional, junto con su hermano que aunque no está aquí, si que está pendiente de todos y cada uno de mis pasos.
Antes de la consulta, les cuento que me tocó hacerme la Tomografía, que no es nada agradable pues tenía que ingerir litro y medio de un líquido viscoso, (en porciones de un vaso cada 15 minutos) y que a pesar de no tener sabor, le queda a uno un desagradable sabor a yodo en la boca, también debía caminar y caminar...caminar y pensar... pensar y caminar.... y luego estar media hora inmóvil con una conexión en la vena para pasar contraste, entrando y saliendo en un túnel que es el que hace las imágenes y así fotografiar al Intruso invasor.
Finalmente llegó la hora de la consulta.
Mi "mayor" y yo entramos al consultorio y comenzamos a escuchar lo que tenía que decirnos el Oncólogo. Que por la descripción que hacía Carlos (mi amigo médico) en el Informe, se trataba de un Cáncer denominado Linfoma, que ataca una parte del sistema inmunitario llamado Sistema Linfático. Teníamos que determinar si era Hodking o No Hodking.
Me hizo un exámen físico en el que detectó otra pelotica más grande en la axila y propuso extraerla para hacer una biopsia y determinar qué tipo de Cáncer era... Ya, lo dijo y lo repitió: "Cáncer... Cáncer... Cáncer".
En ese momento ya mi cerebro comenzó a bloquear la conversación, oía pero no escuchaba... gracias a Dios, ahí estaba "mi mayor", siempre tan firme y dispuesto a que no asomara su angustia.... porque yo sí sé que la noticia le angustiaba, pero no se permitía flaquear ante mi, que también estaba derrumbada y me hacía la fuerte... porque no escuchaba... solo oía... y a lo lejos oí cuando le preguntó al doctor cuándo sería lo más pronto que podía operar.
"Operar...operar.... cáncer...operar... cáncer"... eran las únicas palabras que rebotaban en mi mente mientras ellos planificaban mi ingreso al quirófano para el día míércoles.   
Salimos del consultorio y yo caminaba como una autómata escuchando solo en mi mente el revoloteo de las palabras "cáncer... biopsia... quirófano... operación... cáncer....cáncer..."
Mi hijo, hablaba y me abrazaba, dándome ánimos y a lo lejos lo oía, diciéndome que "eso va a pasar, madre"... "no te preocupes, que seguro todo es una falsa alarma y si no, de esto vamos a salir juntos" 
Yo no quería hablar con nadie, no quería preguntas. Y debo confesar que luego sentí mucha pena con mi familia, que estaba muy pendiente de lo que estaba sucediendo conmigo y llamaban al celular, pero no respondía.
Yo no encontraba la forma de enfrentarme a esto y tampoco sabía como trasmitírselo a ellos... En mi familia era el primer caso... Necesitaba pensar.... o dejar de pensar, mejor dicho.
Fuera del consultorio nos esperaban una sobrina y una amiga, a la que le dije: "quiero tomarme algo", "algo como qué" preguntó... No pensé mucho la respuesta, "necesito un whisky" fue lo que salió de mi boca. La cara de ellos tres era todo un poema. Lo menos que esperaban era esa respuesta. Mi hijo, entre sorprendido y sereno, me responde "madre, hoy es lunes y mañana hay que trabajar"... Necesito tomarme un whisky, no una botella... necesito digerir esta situación... Mi amiga, ya enterada de lo que dijo el Oncólogo, exhortó a mi hijo a complacerme... y no fue uno, ni dos, ni tres.... necesitaba no pensar ni, de momento, tener que explicar.
Quiero hacer un paréntesis en esta narración para acotar que el cáncer es horrible, saber que tienes cáncer es traumático, pero recapitulando lo vivido, puedo decir con tranquilidad que yo no me he quejado de haberme ganado ese doble premio y tener que convivir con ese Intruso indeseable. Pienso que llegó en una etapa en que mi vida ya estaba hecha; mis dos hijos adultos y profesionales; dos nietos llenos de vida. No renegué a Dios por la enfermedad. Solo le dí gracias por que fuera yo y no uno de ellos. Sí, el Cáncer es horrible, pero es mucho peor si lo ves en uno de tus seres más queridos. Así que esa es una de mis deudas con Dios.
También quiero hacer énfasis en la actitud de familiares cuando se enteran de la realidad. En mi caso, repito, mi familia no había vivido nunca una situación similar. En general, cuando alguien es diagnósticado, las presiones de familiares y allegados, que no dudo son con la mejor intención posible, no facilitan nada la vida del enfermo. Comentan lo que debe o no debe hacer. Si se queja o no se queja. Si se cuida o no se cuida. Si está deprimido o no. En definitiva, opinan, aconsejan, asesoran, informan, recomiendan. En fin, sin querer "machacan o inoportunan" al enfermo que ya tiene bastante con lo que le tocó vivir.
Cerrado el paréntesis, continúo con lo que seguía: La Cirugía, que confirmaría o daría nombre propio al Intruso.
Martes fue un día de caminar la clínica, pedir presupuesto, realizar la Evaluación Cardiovascular para que el miércoles a primera hora se procediera a sacar la muestra que identificaría al susodicho.
Demás está contar que de ésto, la cirugía, solo estaba enterado un pequeño grupo de mi numerosa familia, lo que me costó el disgusto de algunos a los que decidí no comentarles hasta que el "bicho aquel" tuviese nombre y apellido. Es decir, una semana después, que sería cuando me darían los resultados de la Biopsia que confirmaban que se trataba de un Linfoma no Hodking.
Ese era nada más que el comienzo, porque hasta ahora solo hemos identificado a uno de los intrusos y debo recordar que la lotería de la vida me premió con un doblete. Recién operada, aún convalesciente debía tomar acciones para saber qué era ese "dibujo del sol" que se reflejaba en el RX de tórax que ya Carlos había descubierto y medido. De esa odisea voy a hablarles en la otra entrega.

Hasta la próxima, y recuerden que Yo he decidido Vivir







jueves, 2 de agosto de 2018

El Intruso llegó




El intruso llegó. Sin tocar la puerta, sin hacerse anunciar, simplemente pasó. Una mañana, al despertar lo sentí dentro de mí. Lo busqué. Registré mi cuerpo, pero no lo pude ver, sin embargo sabía que estaba allí, que había llegado. No conocía su cara, pero imaginaba como era. Parada frente al espejo intente forzar su imagen pero fue inútil. No se asomó. Una de esas tardes, cuando el día se va a dormir, vi por mi primera vez su forma, intuí quien era y supe que él también me miraba, me asaltaba, me acosaba, me amenazaba con quedarse, con no irse. Me hacía sentir que había llegado


En Octubre del 2014 durante un viaje a Bogotá me hice un “masaje relajante” y la masajista me descubrió una pelotica en la Ingle y me recomendó me la hiciera ver.
Llegué a Venezuela con la intriga del bulto escondido y decido visitar a un médico de confianza, al que le cuento el descubrimiento de un intruso en mi cuerpo y que yo suponía una hernia.
Hecha la revisión inicial, concluye que no es una hernia y me indicó unos Ecosonogramas de pelvis y abdomen y de partes blandas. En ese momento no pensé en que nada malo estuviera pasando en mi cuerpo, pero me extrañó la premura con que el doctor quería los resultados.
Me dijo que buscara donde me los entregaran más rápido y regresara ese mismo día a su consultorio con ellos. Embelezada aún con el reciente viaje no caí en cuenta de la actitud urgente del médico.
Lo cierto es que ese mismo día le llevé los resultados y me dice “tienes un Plastrón Inguinal”, a mí eso no me decía nada, o mejor dicho no entendí nada, sólo que tenía los ganglios inflamados, lo que dentro de mi inocencia o ignorancia atribuí a una fuerte infección de orina que había pasado poco antes de mi viaje.
Lo que si me extrañó fue que me refirió a un Oncólogo amigo suyo, al que por cierto llamó y le pidió cita para “un familiar suyo que tenía….. “.
Yo seguía en las nebulosas, no entendía o no quería entender (porque ni siquiera se me ocurrió preguntar) el por qué un Oncólogo.
Era miércoles, y la cita con el fulano Oncólogo era el lunes siguiente. Pero antes, mi amigo médico me pidió los análisis necesarios para una cirugía, “porque seguro que te va a extraer líquido o va a sacarte un ganglio para biopsia” me dijo y pidió que cada resultado se lo llevara al tenerlo.
Él seguía con su urgencia y yo con mi inocencia.
Llegó el viernes y ya tenía todos los análisis, pero caigo en cuenta que no me había dado la orden para los Rayos X de tórax y lo llamo para preguntarle y me los indica, pero haciendo énfasis que como no había en el momento (y sigue sin existir) el acetato para los resultados y los estaban copiando en CD, él se presentaría al servicio de RX para verlos en la computadora, en vivo.
Qué premura tan extraña!  Pero yo, sigo sin inmutarme!
Era tanto el afán de Carlos, (ah! Perdón, así se llama el doctor) por saber más sobre lo que me estaba pasando que llegó a RX cuando aún yo me estaba cambiando de ropa para hacer el examen.
Y yo, sigo en el limbo sin entender por qué tanto interés!
Terminada la sesión, me esperaba Carlos revisando las imágenes en la computadora. También me tenía tremenda sorpresa: “Maigua, aquí hay algo raro en el pulmón izquierdo” dijo.
Yo me quedé fría y tiesa en el sitio mientras él medía lo que parecía un sol dibujado por un pequeño escolar. Yo no sabía qué decir o preguntar, hasta que cuando pude articular palabra, pregunté: “¿algo raro como qué?”. Me invitó a acompañarlo al consultorio para explicarme y darme las indicaciones.
Una vez allí me dijo que había un nódulo en el pulmón izquierdo y que había que estudiarlo a través de una biopsia. Me hizo una serie de preguntas como desde cuando yo no me hacía una radiografía de tórax, si tenía tos, si me daba gripe (y a decir verdad, a mí nunca me da afecciones respiratorias o gripe), en fin una serie de interrogantes con respecto a uno de los intrusos.
En resumen, más exámenes y más especialistas. Tenía que hacerme una Tomografía de Pelvis y Abdomen y le sumamos la de tórax.
“Porque no sabemos si lo que hay en los ganglios y lo que hay en el pulmón tienen el mismo origen”, oía decir a Carlos. Luego volvía a oír su voz diciendo miles de cosas, mas no lo escuchaba, pues su voz se me puso un poco distorsionada y no entendía o no quería entender lo que decía, aunque logré descifrar que lo del pulmón podría tener una data de más de 10 años… más de 10  años ese intruso en mi cuerpo y yo sin enterarme de nada.
Ya el lunes me tocaba la Tomografía y la consulta con el Oncólogo.... Lo peor estaba por venir...

Me despido, no sin antes recordarles que yo  He decidido Vivir.


P.D.: Quiero decirles que les iré detallando todo el proceso en cada entrega, sin identificar a ninguno de los médicos que me trataron o me están tratando, quizá, si lo considero necesario, sólo el nombre, como en el caso de Carlos.

NO MIRES EL RELOJ...

Porque eres más fuerte, porque aprendiste y ya tienes una claridad mental mucho mejor que antes, y así será por siempre. No temas a la ca...